La 52ª Peregrinación Juvenil llegó a su fin después de un fin de semana marcado por la lluvia, la emoción y una multitud que recorrió casi 60 kilómetros hasta la Basílica.
La fe volvió a movilizar a una multitud. Más de 2,7 millones de personas participaron de la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján y llegaron a la Basílica después de recorrer los casi 60 kilómetros que separan el Santuario de San Cayetano, en Liniers, del templo bonaerense.
La caminata estuvo marcada por las lluvias y el descenso de la temperatura, pero las condiciones climáticas no lograron detener a los peregrinos, que avanzaron durante toda la noche para cumplir promesas, agradecer y pedir por sus familiares, amigos y por el futuro del país. La cifra de participantes superó en casi 300.000 personas a la registrada el año pasado.
La jornada tuvo su momento central este domingo por la mañana, cuando el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezó la misa frente a la Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Durante su homilía, el religioso hizo un fuerte llamado a recuperar el diálogo y dejar atrás la intolerancia, la descalificación y los discursos de odio. También pidió acompañar a quienes atraviesan situaciones de pobreza, falta de trabajo, enfermedad y otras dificultades.
Una multitud que no se detuvo
A lo largo del recorrido funcionaron decenas de puestos sanitarios y de asistencia para acompañar a los caminantes. Familias enteras, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad formaron parte de una columna que durante horas avanzó hacia Luján.
Para muchos peregrinos, el cansancio quedó en segundo plano frente a la emoción de alcanzar la Basílica. “Las piernas están cansadas, pero el corazón está perfecto”, resumió uno de los fieles al llegar.
La edición de este año tuvo además un significado especial por la próxima visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre. El propio García Cuerva había señalado que esa visita impulsó a muchos fieles a participar de la peregrinación.
Con la llegada de los últimos peregrinos y la celebración de la misa central, Luján volvió a convertirse en el punto de encuentro de millones de argentinos unidos por una misma tradición de fe.
